sábado, 27 de abril de 2013

Héroes anónimos: El hombre que me salvó

Fuente de Imagen: Google.

No había pensado en contar esta historia antes, creo que es una de esas vivencias que al instante no logras dimensionar, pero luego lo haces cuando piensas en ello con más calma. Decidí escribirlo porque me gustaría que esto representara mi muestra de agradecimiento. Agradecimiento a un hombre que posiblemente nunca vuelva a ver, pero a quien le debo haberme salvado la vida.

Hace dos días atrás, me subí a un autobús para desplazarme algunas cuadras. No iba lleno, yo me senté en el puesto que va justo detrás del conductor, y en el puesto contiguo a la entrada del autobús estaba un señor mayor. Recuerdo que este señor iba comentando algunas cosas, le hablaba al chofer y de vez en cuando éste le respondía. Tomamos una avenida con dos direcciones, nosotros íbamos por el canal que va hacia el sur. Como, lamentablemente, nunca falta un mal conductor, nos topamos con un motociclista conduciendo irresponsablemente, pero pronto nos adelantó y ya no lo vi más. Unas cuadras más al sur solicité la parada. El conductor del autobús se desplaza a la zona de la parada y detiene el vehículo un poco más allá de la acera, había quedado efectivamente un espacio pero no era tan grande. Me levanto y comienzo a bajar las escaleras, pero cuando estaba en el último escalón a punto de sacar el pie al exterior para bajarme, el señor que va en el puesto contiguo a la puerta extiende sus brazos y me agarra, me impide bajar mientras grita: “¡Cuidado!”. Lo mismo gritó el chofer. Fue entonces cuando yo, que aun miraba hacia afuera pero inmóvil en el primer escalón, me doy cuenta que, en el espacio entre el vehículo y la acera, pasa muy rápidamente la moto que habíamos visto antes, pero ahora iba contra el tránsito. Jamás en la vida me hubiese percatado que por ahí venía la moto, sobre todo si iba contra el tránsito (en la pista hacia el sur, él regresaba hacia el norte). Además, el puesto del copiloto me impedía ver que se acercaba la moto por delante del autobús, en sí no había forma alguna de que yo me diera cuenta del peligro que corría.

Llegué a pensar que me había salvado de que me enyesaran una pierna, hasta que conversando la situación con mi hermano me dijo: “También las motos matan...”. Ahí le dije que lo sabía, pero que había elegido no pensar en algo más grave. Sin embargo, es cierto, las motos también pueden matar y es por eso que ese señor, un señor mayor de barba blanca y con problemas para caminar (le vi una muleta a un lado), salvó mi vida.

He escrito todo esto para expresar mi agradecimiento a ese señor, un héroe anónimo, que posiblemente no volveré a ver y mucho menos conoceré su nombre. Sin embargo, confío en que la Divinidad le hará llegar este agradecimiento porque todos, de alguna forma, estamos conectados espiritualmente. Gracias señor, le deseo mucha salud y protección. Sinceramente muchas gracias.

Waldylei

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Que lindo cuando pasan cosas así.

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