domingo, 1 de septiembre de 2013

Anécdotas: Experiencias angelicales

Cuando uno habla de ángeles, o de experiencias angelicales, hay mucha gente que piensa en algo extraordinario o “fuera de este mundo”. Bajo mi perspectiva, todos tenemos estas experiencias día a día, es decir, no son cosas casi imposibles de vivir sino que, al contrario, son tan cotidianas que las dejamos pasar desapercibidas.
Hace un par de días, temprano en la mañana, me despertó el sonido de mi teléfono celular. Cuando contesté me saludó una de mis grandes amigas, me llamó para invitarme a una presentación, un baile de fin de plan vacacional de su hija mayor. Recordé que hacia unas semanas ella me había comentado del evento, y pues me llamaba para avisarme que sería ese día por la tarde. Quedó en pasarme a buscar y colgamos.
Por la tarde, nos fuimos al auditorio donde sería la presentación. Mientras el show se preparaba tras bastidores, nosotros esperábamos junto al resto del público asistente. Allí estábamos la mamá de mi amiga, su esposo, su hijo menor, ella y yo esperando ansiosos por ver a las niñas bailar. En total eran tres grupos de niñas: de 5 a 7 años, de 8 a 9 años y de 10 a 12 años aproximadamente.
La presentación inició con un baile muy lindo, y le siguió el de las niñas más pequeñas. Justo éste me causó un impacto que me sería difícil de describir en palabras en este instante, y es justo el que yo defino como una experiencia angelical. Todo empezó cuando las niñas salieron con sus trajes hermosos y tomaron posición en el escenario, aquello era muy tierno, algunas vestían de flores y otras de animalitos como conejitos y mariposas. En el fondo una música adecuada y empezaron la presentación, estaban ordenadas en grupos y poco a poco fueron actuando. Me encantaba ver que estaban sincronizadas, se agarraban las manitos y bailaban. Aquello fue tan tierno, el ambiente era tan idóneo que me hizo sentir ese algo que no puedo explicar, pero que básicamente es una paz interior, una alegría interior, al punto de que me sentí conectada profundamente con todo en ese instante, y fue cuando me emocioné y comencé a darle gracias a la Existencia por el milagro de la vida, gracias por estar allí, por estar viva, por poder respirar. Realmente fue hermoso.
En total fueron varios bailes en una hora y media, y en todos hubo mucha demostración de talento por parte de todas las niñas y sus instructoras. Ellas bailaron desde joropo hasta rock n’ roll, pasando por música árabe y flamenco. De verdad, un acto espectacular por parte de la Academia de Baile, Arte y Cultura y su plan vacacional. Genial.

Academia de Baile, Arte y Cultura - Grupo 5 a 7 añosAcademia de Baile, Arte y Cultura - Grupo 8 a 9 añosAcademia de Baile, Arte y Cultura - Grupo 10 a 12 años

Volviendo al título de esta publicación, quisiera definir cuáles fueron las “experiencias angelicales” de ese día, porque no se trata solamente del baile de las niñas pequeñas, aunque sí fue la “cúspide”, por decirlo de alguna manera, de las experiencias.
Todos los santos días vivimos experiencias “mágicas” o “angelicales”, lo que sucede es que pasan desapercibidas. Para mí, las experiencias angelicales son aquellas que te hacen sentirte conectado con el mundo y con las personas, son aquellas experiencias buenas de todos los días aunque sean pequeñas. Se trata de la amiga o amigo que te invita a algo que es importante para él, sin tener necesidad de hacerlo. Regresemos a mi experiencia: ¿Quiénes estaban en la presentación? La familia de mi amiga. ¿Ella tenía necesidad de invitarme? No. ¿Y por qué justo a mí si tiene tantos conocidos? No sé si logres ver lo que intento decir, no sé si logres darte cuenta que muchas veces las otras personas realmente nos consideran más de lo que nosotros nos damos cuenta. Para otras personas somos importantes, muchos tienen tratos amables con uno, nos consideran y eso es absolutamente importante. Estos detalles de la vida nos llama a ser más considerados, a dar lo mejor de nosotros porque las otras personas también nos están dando lo mejor de ellos, y lo están haciendo no esperando una retribución, lo están haciendo desinteresadamente y ahora nos toca a nosotros. Valoremos más a nuestros amigos, a nuestros conocidos, a los vecinos, a la familia, a nuestros compañeros de trabajo. Hagámosles sentir que los estimamos, que los respetamos, que los consideramos.
Hace días recibí la visita de otra amiga, ella nos contaba que alguien más le hizo notar que era muy detallista (le gusta obsequiar cosas a sus amigas en la medida que se puede), y ella le respondió que uno debe hacer esas pequeñas cosas, para que después, si no lo hace, no se esté arrepintiendo de lo que no hizo. Básicamente, aprovechar la oportunidad de demostrarle a la otra persona nuestra estima. ¿Cuántas veces hemos perdido la oportunidad de hacerlo? ¿Cuántas veces hemos dicho “sí, después…”? ¿Cuándo fue la última vez que tomaste un café junto a alguien que estimabas? ¿Desde cuándo no salen a dar un paseo? ¿Cuándo fue la última vez que visitaste a esa amiga o amigo del alma? ¿Desde cuándo no ves a esa persona que te ayudó tanto? Pero la pregunta más importante: ¿cuándo harás algo para cambiarlo?
Tener un amigo o amiga incondicional es una experiencia angelical, salir de paseo junto a las personas que admiras, quieres o respetas también lo es. Hacer lo que te gusta, sonreír, sentirte feliz y con paz interior, agradecer la vida, agradecer a Dios, relajarte, descansar, disfrutar de una buena música, compartir con tu familia, observar las flores, regar las plantas, llevar en el vientre a un niño, esforzarse por ser cada día mejor es una experiencia angelical. Vivir, sí, simplemente el hecho de estar viva o vivo es una experiencia angelical. Lo es también el poder escribirte, conectarme contigo a través de estas palabras y sentirte, porque yo puedo sentirte y eso no tiene por qué causarte asombro. Insisto, las experiencias mágicas, extraordinarias están pasándote justo ahora. Y la más grande de todas las maravillas te está sucediendo ahora, ¿y cuál es? Vivir. El resto, mi querida amiga y querido amigo, viene por añadidura.
Que la Luz siempre ilumine tu vida, y que cada día sea un buen día.
Os llevo en mi corazón.

Waldylei

Patricia y Waldy

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