Querido maestro/a de vida,
Hoy quiero escribirte porque quiero agradecer tu presencia, y también quiero agradecer las enseñanzas que me has dejado este año. Nos hemos acompañado en un año de mucho crecimiento, de muchas vivencias profundas e inolvidables. Por instantes has sido mi guía, mi apoyo, mi palabra de aliento, mi fe y mi certeza. No hay forma de que las palabras puedan expresar mi más profundo agradecimiento, pero al menos lo intento.
Este año ha tenido muchísimos desafíos, con él se van circunstancias, cosas y personas que dejan una indeleble marca en nuestro ser. Hay mucho que queda atrás con este fin de año, pero a su vez muchas de esas cosas se mantendrán presentes en nuestra memoria y corazón.
Gracias, gracias porque de alguna u otra forma tú hiciste la vida más llevadera cuando se nubló, o hiciste de ella una gran fiesta cuando el sol brillaba y era un hermoso día.
Gracias por esa buena vibra, por esas sonrisas y risas, por las alegrías que hemos compartido, y por ser mi sostén cuando las lágrimas aparecieron.
Gracias porque de alguna manera me devolviste la fe cuando la había perdido. Gracias por ser y por estar.
Deseo que, el que viene, sea un mejor año; un año para consolidar sueños, para crecer espiritualmente, un año para ser agradecidos por todas las cosas buenas que la vida nos da y también por las lecciones aprendidas, porque son ellas las que nos impulsan a ser mejor.
Gracias Padre por tus bendiciones y protecciones, gracias por este nuevo año.
Y a ti, gracias por todo y por tanto.
Waldylei
Fuente: Imagen.

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